Cuba recrudece la represión en plena crisis del castrismo con el arresto de Yoani Sánchez y otros tres periodistas independientes

2026-11-07 04:46:16 - MUNDO

En Cuba, un periodista no necesita estar entre rejas para perder la libertad. Esa es la realidad que mejor resume las historias de los profesionales de la prensa que viven en la isla.

Informar puede significar pasar horas en una comisaría, sufrir interrogatorios, perder los equipos de trabajo o encontrarse con agentes de la Seguridad del Estado frente a la puerta de casa.

En ocasiones, basta con intentar salir a la calle para descubrir que la libertad de movimiento también está condicionada.

Durante los últimos días, al menos tres periodistas independientes han sido detenidos por las autoridades cubanas. Los arrestos de Yoani Sánchez, Camila Acosta y Adelth Bonne se produjeron en un intervalo de apenas cuatro días.

Los tres recuperaron la libertad después de varias horas, pero denunciaron intimidaciones y otras medidas represivas. Mientras tanto, Henry Constantín, director del medio independiente La Hora de Cuba, permanece encarcelado en Camagüey desde septiembre.

Los episodios no son aislados. Forman parte de un escenario en el que ejercer el periodismo fuera de los medios controlados por el Estado implica convivir con la posibilidad de ser vigilado, interrogado o detenido. Una presión que no siempre termina en una condena judicial, pero que tiene consecuencias directas sobre la capacidad de informar.

El 5 de noviembre, Yoani Sánchez, de 51 años, una de las figuras más conocidas del periodismo independiente cubano, fue detenida durante aproximadamente nueve horas en La Habana.

La periodista es fundadora y directora de 14ymedio, el primer diario digital independiente creado en Cuba, en 2014, y una de las principales plataformas de información crítica con el Gobierno.

Su trayectoria comenzó a alcanzar repercusión internacional en 2007, cuando creó el blog Generación Y, desde el que empezó a narrar las dificultades cotidianas de los cubanos, la censura y las restricciones a las libertades individuales.

En 2008 recibió el Premio Ortega y Gasset de Periodismo Digital y fue incluida por la revista Time entre las cien personas más influyentes del mundo.

Más de una década después, Sánchez continúa ejerciendo el periodismo desde La Habana, donde ha denunciado reiterados episodios de vigilancia y hostigamiento. Su última detención ocurrió cuando salía de su vivienda, en el barrio de Nuevo Vedado, para hacer compras.

Tras recuperar la libertad, denunció que durante el interrogatorio había sido amenazada con un proceso penal por atentar contra el orden constitucional. Al día siguiente, volvió a denunciar la presencia de agentes policiales en su edificio, que le impedían salir de casa.

Dos días antes, el 3 de noviembre, Camila Acosta, colaboradora del diario ABC, también había sido detenida durante varias horas. Tras recuperar la libertad, denunció que su teléfono móvil había quedado inutilizado después de ser manipulado durante la detención.

Según su testimonio, también recibió una advertencia por haber grabado a un funcionario que anteriormente le había impedido salir de su vivienda.

El 2 de noviembre, Adelth Bonne Gamboa, reportero del portal independiente CubaNet, fue detenido y, según su denuncia, golpeado por agentes de seguridad.

También relató la confiscación de sus equipos de trabajo y la imposición de una multa de 3.000 pesos cubanos por sus publicaciones en redes sociales sobre la crisis socioeconómica del país.

En apenas cuatro días, tres periodistas pasaron por dependencias policiales. Ninguno necesitó permanecer semanas en prisión para experimentar las consecuencias de ejercer su profesión.

La situación de Henry Constantín, director de La Hora de Cuba, es distinta. Acusado de desobediencia, su caso ha sido denunciado por organizaciones internacionales de defensa de la libertad de prensa, que han exigido su liberación y cuestionado las circunstancias de su detención.

La represión de los últimos días también ha alcanzado a integrantes de la oposición política. El jueves 5 de noviembre, Berta Soler, líder del movimiento Damas de Blanco, y María Cristina Labrada, integrante de la misma organización, fueron detenidas en plena calle cuando salían de la vivienda que funciona como sede del movimiento.

El Observatorio Cubano de Derechos Humanos (OCDH), una organización no gubernamental con sede en España, exigió, a través de una red social, información inmediata sobre el paradero de ambas mujeres y su liberación.

Las Damas de Blanco surgieron en 2003, después del encarcelamiento de 75 opositores cubanos durante la llamada Primavera Negra.

El movimiento, reconocido en 2005 con el Premio Sájarov del Parlamento Europeo, se ha convertido en uno de los símbolos de la disidencia pacífica en Cuba. Sus integrantes han denunciado durante años detenciones temporales, vigilancia y restricciones de movimiento.

La estructura de los medios de comunicación cubanos ayuda a comprender las dificultades que afrontan los periodistas independientes. La Ley de Comunicación Social, aprobada en 2023 y publicada en 2024, mantiene los medios fundamentales de comunicación bajo propiedad socialista y no reconoce a los medios privados independientes.

En la práctica, los medios estatales permanecen bajo el control político del Partido Comunista, la única formación legal del país. Sin embargo, durante la última década han surgido plataformas digitales independientes que publican informaciones sobre la crisis económica, las protestas, las detenciones y otros asuntos que encuentran escaso espacio en la prensa oficial.

Estos proyectos sobreviven sin reconocimiento legal y bajo constantes presiones. Muchos cubanos recurren a redes privadas virtuales (VPN) para acceder a sus contenidos cuando las páginas están bloqueadas.

La situación se agrava en un país atravesado por una profunda crisis económica y social. Los apagones prolongados, la escasez de alimentos y medicamentos y el deterioro de los servicios públicos forman parte de la vida cotidiana de millones de cubanos.

Son también asuntos de interés público que los periodistas independientes intentan documentar, muchas veces bajo vigilancia y con recursos limitados.

En la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa de 2026, elaborada por Reporteros Sin Fronteras, Cuba ocupa el puesto 160 de 180 países.

Las recientes detenciones han provocado nuevas denuncias internacionales. Reporteros Sin Fronteras y el Comité para la Protección de los Periodistas han exigido el fin de las intimidaciones y el respeto al derecho a informar.

Amnistía Internacional también ha reclamado la liberación de quienes permanecen detenidos por ejercer su libertad de expresión.